Recuerdos

Habían llegado a un claro. Las escaleras le habían parecido eternas y ahora se encontraban en un lugar rodeado de árboles donde el sol apenas dejaba pasar algunos de sus rayos.

Transcurrieron varias horas hasta que llegaron allí, giraron dejándose guiar por las escaleras de espiral y se sentía completamente desconcertado.

Se dejó caer sobre una piedra que encontró y la mujer se sentó en otra. Llevaban horas sin cruzar palabra y sin comer. Él estaba sediento.

-         ¿Nunca has sentido al pasar por un sitio, observar sus calles, su gente o algún detalle que “estas en casa”?

Él no tenía ánimos para preguntarle a que se refería, y tampoco entendía de qué se trataba aquella pregunta. No recordaba nada más que la frescura del agua en su boca. “Solo deseo comer y beber” respondió, pero la mujer no hizo ninguna señal de llevar comida y tampoco dijo nada. Permanecieron allí en silencio, en algunos momentos se durmió y el sueño volvió a transportarlo a sus recuerdos.

La voz de la mujer conversando con alguien lo devolvió a aquel lugar sobresaltado. Miró pero nadie había junto a la dama.

-         ¿Qu… qué qué? – le costaba articular palabra.

-         Bueno, habrás descansado ya. ¿Vas a contestarme? – indagó la mujer y para asegurarse repitió la pregunta.

Era extraño, él nunca había reparado en eso, pero volvió sobre sus pasos durante un momento, recordando todos los lugares que había conocido en su búsqueda.

Escudriñó en su memoria, algunos detalles se agolpaban como si quisieran salir todos juntos, se sintió turbado un instante movió su cabeza para ordenar sus pensamientos y por fin, un aroma a flores, lirios tal vez, llegó a su nariz. También recordó haber estado frente a un maravilloso monumento en honor a un gran héroe local y sentir que lo tocaba con gran devoción en un tiempo pasado. Una melodía que jamás escuchó y la letra que lo acompañaba habían salido de sus labios un día para su sorpresa.

-         Si… - susurró con timidez.

-         ¿Y que crees que sea? – inquirió la dama una vez más, parecía estar empeñada en hacerlo pensar.

-         No lo sé, nunca había pensado en ello antes… estoy cansado – agregó y volvió a dormirse.

La dama esperó a que despertara otra vez, pero mientras tanto debatió consigo misma y decidió esperar un poco más por aquella respuesta. Finalmente él se levantó sin decirle nada, la miró y dio unas cuantas vueltas por el claro.

-         Y bien… ¿cuál es nuestro destino?

-         No estoy muy segura. Por ahora hemos llegado. – Él volvió a mirar a su alrededor. Solo había árboles altísimos que impedían ver el cielo y nada para comer o beber o alguna señal de vida. No se imaginaba de qué o de quién podría aprender allí. – Aún no comprendes que no todo es lo que parece. Angarion, – pronunció su nombre y él se estremeció. Primero, porque jamás se lo había mencionado a aquella mujer y luego, porque ese era un nombre que no usaba hacía muchos años. – Debes comprender que realmente, NADA es lo que parece. Tú viniste a pedirme ayuda a mí. Ya no puedes regresar.

-         ¿Cómo sabe ese nombre? – preguntó desconcertado como si no hubiera escuchado ninguna otra frase de la mujer.

-         Sé muchas cosas de Ti, Angarion. Sé que provienes de un pueblo pequeño junto al mar, a miles de kilómetros de aquí. Que nunca sentiste pertenecer a ese lugar y por eso, en cuanto tuviste la edad para partir lo hiciste viajando por todas partes del mundo conocido para hallar respuestas. Y llegaste a mí, porque yo así lo quise. Porque las respuestas que buscabas escapaban de ti o tal vez no existen. Éste es tu último intento, lo prometiste. Y volverás a vivir de la pesca si no logras descubrir lo que tu corazón te grita que encuentres. Tienes miedo, se ve en tus ojos.

-         Eso no responde cómo conoce mi Nombre.

-         Te hiciste llamar Aglahad mucho tiempo, en honor a un compañero de viaje que murió por defenderte. Negaste tu nombre, Angarion, sin saber que está escrito en tus ojos y en tu corazón, porque es el sagrado nombre que elegiste al venir al mundo. No puedes cambiar tu destino, simplemente por cambiar tu nombre.

Enmudeció. Realmente así había pensado cuando su amigo murió.

Aglahad, quien lo había acompañado durante un año entero en su búsqueda, fue asesinado una noche intentando evitar que robaran sus caballos mientras él, Angarion, borracho, provocaba a los ladrones .

Se sintió humillado al haberse dejado llevar por el alcohol que cargaba encima, permitiendo la muerte de su amigo.

La culpa hizo un profundo pozo en su alma y allí anidó, recordándole a cada momento que Aglahad había sido el hermano mayor de un grupo de campesinos sin madre que ahora perderían las esperanzas de que su amado hermano regresara.

Pero ese infortunio también le permitió encontrar a alguien que le contó la historia, de una anciana que mucho tiempo atrás curaba los corazones de los hombres. Y se sumergió a investigar, hasta llegar a aquella anciana.

-         Los nombres son sagrados. Tienen significado y el significado del tuyo es algo que deberás descubrir. En ellos está grabada tu misión. Es como un código. – Angarion la miró con curiosidad y ella se dio cuenta de que no la había comprendido, a veces olvidaba de qué lugar venía aquel joven. – Es un mensaje en clave para que solo lo descifre la persona indicada.

-         ¿Y cual es su nombre?

-         He tenido muchos, Dama de la Luna, Thilluin… pero el que más he usado y por el que se me conoce en todas partes es Sindamel. Significa dama de la luna como podrás suponer.

-         Vaya… la Gran Dama de la Luna ante mí. ¿Y qué más? ¿Cuál es tu poder?

-         ¿Tengo que tener un poder?

-         Dicen que los magos tienen poderes, y escuché que la Dama de la Luna era una maga. No sabía que eras tú. Estoy sorprendido.

-         Ya lo sabrás. Por ahora debes concentrarte en aprender de ti mismo. Ésa es la tarea más difícil.

Angarion se sentó de nuevo en su piedra y se quedó pensativo. Empezó a recordar su vida, cerró sus ojos para ver sus recuerdos más vívidos.

Sindamel se quedó esperando a que se durmiera y cuando finalmente lo hizo, se perdió en un camino que a simple vista, no parecía existir.

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