QUIEN SOY… QUE QUIERO?

rebeca matias gomez

Vos sos el único responsable de tu vida, del presente que estas teniendo.

Vos elegís, vos sos el pintor de tu realidad, y podes pintar tu vida con los colores que mas te gusten, o con los tonos mas tristes que puedas.

Pero es tu elección siempre.

1/ Me concedo a mí misma el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.

2/ Me concedo a mí misma el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.

3/ Me concedo a mí misma el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.

4/ Me concedo a mí misma el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.

5/ Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me dé el permiso para obtenerlo.

ACLARACION:

Ninguno de estos permisos incluye mi derecho a que otro sea como yo quiero, a que otro sienta como yo siento, a que otro piense lo que a mí me conviene.
Estos permisos no pueden incluir el deseo de que el otro no sea una persona, la intención de esclavizar a otro.
¿Qué pasa con nosotros que cuando amamos creemos que el otro tiene que ser como yo me lo imagino, tiene que sentir por mí lo que yo siento por él, tiene que pensar en mí tanto como yo quiero, no tiene que correr riesgos que amenacen la relación y tiene que pedirme a mí lo que él quiere para que sea yo quien se lo alcance?
Esta es nuestra fantasía del amor, pero este amor esclavizante, mezquino y cruel no es un amor entre adultos.
El amor entre adultos transita y promueve este espacio de autodependencia en el otro, tal como aquí lo planteo.

¿Para qué algunos quieren ser dependientes?
A veces, como se creen débiles, piensan que estar bajo el ala de alguien más calificado los protegerá.
Otras veces, para poder echarles la culpa a los demás.
Otras veces, de verdad creen que tienen que pedir permiso. Ni se autoengañan ni les falta coraje ni están enfermos. Es un tema de evolución.
A veces no llegan a valorarse y animarse porque les da miedo, otras porque no han sido enseñados.
Algunas veces, porque alguien los ha oprimido mucho, y otras, finalmente, porque no saben, simplemente no saben nada de esto que yo estoy diciendo.

Alguien que no se anima a ser quien es por miedo a que lo rechacen,
que no se anima a sentir lo que siente porque le parece que está mal,
que no se anima a pensar lo que piensa o a decirlo porque tiene miedo de ser rechazado, alguien que no corre riesgos porque no se banca las responsabilidades y que no sale a buscar lo que necesita sino que se lo pide a otro.

“Vos podes ser quien sos.”
“Vos podes pensar lo que pensáis.”
“Vos podes sentir lo que sentís.”
“Vos podes correr tus propios riesgos.”
“Deberías ocuparte de ir a buscar lo que necesitas, por-que eso significa crecer”

Alguna vez he visto algunos despertares desde un darse cuenta salvaje desencadenado por alguna situación especial.
Despertamos, pero no a través de la palabra de otro, sino a través de un proceso de identificación: algo que vemos o algo que vivimos nos empuja al darnos cuenta.
Por ejemplo, nos enteramos, cuando acabamos de cumplir treinta, que un amigo nuestro que también tiene treinta se murió. Entonces nos miramos y decimos: ¿Qué pasa acá? Y empezamos a cuestionarnos algunas cosas: cómo estamos viviendo, cómo usamos nuestro tiempo, si estamos disfrutando, si nos sentimos oprimidos por alguien o algo, si nuestra vida finalmente tiene sentido.
O vemos una película y nos estrellamos con la ficción que retrata nuestra realidad, nos damos cuenta de lo que nos está pasando y nos enfrentamos con nuestro propio proceso.
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Y nos enteramos de que no hay situaciones donde uno no pueda elegir.
Asumimos que siempre estamos eligiendo, aun cuando creemos que no elegimos, en la vida cotidiana, en la de todos los días.
Y cuando decimos:
“No tuve otro remedio...”
“Yo no soy responsable de esto...”
“No tenía otra posibilidad...”
Mentimos. Mentimos alevosamente. Porque siempre elegimos.

“Bueno, pero yo... tengo que ir a trabajar todos los días... y no tengo otra posibilidad... y aunque no quiera y yo no lo elijo, tengo que ir igual, entonces yo no puedo concederme el permiso de no ir a trabajar mañana”.
Si estoy dispuesto a pagar el precio, sí.

No fue mi obligación, fue mi decisión.

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