¿Qué me aportaría conocer mi Misión de Vida?

La misión de vida permanece muchas veces en la imaginación como un ideal lejano que queremos alcanzar… como una estrella distante que se erige en el cielo y que nos guía, remota, en el camino de la vida.

Sentimos muchas veces que al lograr alcanzar esa estrella lograremos, al fin encontrarnos. Pero persiste la idea ¿y si no es así?

¿Qué me aportaría conocer mi misión de vida…?

Si nunca te lo preguntaste, te invito a preguntártelo ahora. Haz tres respiraciones profundas, suaves… lentamente. Lleva tu atención a tu corazón o a tu tercer ojo. Y ahora pregunta.

¿Qué le pasó a tu cuerpo? ¿Qué pensamiento vino a tu mente? ¿Qué sentiste (alegría, tristeza, paz, ansiedad, etc)?

Esta pregunta que parece tan al azar no lo es en absoluto. Porque buscamos eso que nos aporta saber quiénes somos… y muchas veces lo buscamos en los lugares equivocados.

O nos condenamos a “no disfrutar” porque no tenemos certeza de estar haciendo las cosas “bien”.

Y ahí está la cuestión.

Es necesario que te despojes por fin de los ideales preconcebidos. Si, es perfecto tener altas expectativas de una misma. Porque podemos ser todo y más siempre que esté alineado con el propósito de nuestra alma. Pero si te vas a torturar todo el tiempo porque no logras vivir lo que esperas… así no funciona.

Tu propósito no viene con un “censor” que controla y te va puntuando si haces las cosas bien o mal y  te castiga si no estás cumpliendo tu misión.

No sabría decirte si un día alguien me lo dijo. Pero puedo decirte que en un momento de mi vida, lo que soy se desplegó ante mi. Y lo supe. Supe que quería hacer lo que hago por el resto de mi vida porque eso es lo que soy.

Incluso puedo contarte que me costó muchísimo ponerle un “nombre” concreto y definido a esa intención de mi alma que llamo “Misión de Vida”.

Lo más trascendente que me aportó conocer mi misión fue la CERTEZA.

La certeza es mágica. Tiene el efecto de atravesar una puerta que, una vez que cruzas su umbral, se cierra y no hay vuelta atrás. Y que simultáneamente, lo que aparece tras esa puerta es tan propio… que no quisieras estar en otra parte.

Es la magia de saber que este es tu lugar. Que hagas lo que hagas, se impregnará de esto. Y nada tiene que ver con tu trabajo. Puedes trabajar en una oficina pero si tu misión es sanar, y lo sabes, lo harás en cada oportunidad que se te presente...

A veces esta certeza es lo que necesitas para atreverte a vivir sus sueños, dejar atrás una vida que no es lo que deseas y dar ese salto cuántico que te llena de felicidad. (Y que con certeza nadie a tu alrededor comprenderá al inicio).

El segundo aporte fue LIBERTAD.

Yo creía que la libertad era que nadie te limite. Bueno, no. La libertad es poder elegir tu propio camino y modelarlo, según vayas transitando dicho camino.

Y te vas a encontrar con miles de límites al recorrer tu camino. Pero, son temporales o ilusorios. Cualquier límite no es más que una herramienta para que crezcas y te alinees más con eso que ya eres.

Por eso lo que en apariencia te quita libertad, en realidad te está ayudando a recordar que ya eres libre porque sabes hacia dónde vas y quién eres (o en quién te estás convirtiendo).

El tercer aporte, derivado de las dos anteriores, fue la TRANQUILIDAD.

La tranquilidad es esa cualidad, como un regalo, que te permite andar a tu propio ritmo… sin correr carreras, sin ir contra nadie… sin llegar antes o después, sólo saber que cada paso que das está dirigido hacia una misma dirección.

Te puedes relajar. Porque cuando sabes cuál es tu camino entiendes que nadie lo va a recorrer por ti y que no debes llegar primero que nadie. Simplemente estás llegando a tu destino cada día, con cada pequeña cosa que haces aunque parezca nimia.

La ilusión que encontrarás aquí es que habrá procesos largos donde sentirás que estás estancada, que no avanzas, que te encuentras en un pozo profundo. Tranquila. Todo es perfecto, incluso el sentir que todo se derrumba. Recuerda que tras un frío invierno siempre, siempre llega la primavera.

SEGURIDAD en mi misma, fue el cuarto aporte.

Siempre fui muy insegura, me costaba encontrar el momento oportuno para hablar, para dar mi opinión… siempre tenía esa sensación de que todos lo hacían mejor que yo. Y probablemente era cierto, porque me movía en un ámbito donde no tenía nada para aportar. Pero al conocer mi camino, pude compartir mis pasos de otra manera.

Muchos le llaman a esto “encontrar la propia voz” y no tengo duda de que es así. Porque cuando encuentras tu camino, encuentras tu voz interior. Y lo que tienes para decir, para transmitir y comunicar aunque no sea con palabras, está ahí presente y llega siempre a las personas que tiene que llegar.

Para lograr esta seguridad, encontré y aún encuentro muchos desafíos. Existe una cierta voz que dice “estás segura?” “no deberías hacer eso” etc. Para mi esa voz permite también crecer, sin estancarse creyendo que ya logramos todo.. porque vamos siempre cambiando. Como una planta… aunque la flor sea del mismo color siempre, cada flor tendrá su cualidad especial, nacida de la misma raíz.

Si has hecho la encuesta que te propuse para conocernos mejor, sabrás que te hice esta pregunta. Y las respuestas fueron muy interesantes.

Y las tres cuestiones principales que son las siguientes:

  • Tranquilidad
  • Fe y seguridad
  • Dirección

Va a tono con mi propia experiencia, gratamente descubrí que no somos tan distintas.

Por todo lo que te conté a mi me obsesiona que todas conozcan su misión, si es su momento de saberlo. ¿Vos conoces la tuya?

Tamara Gallegos

¿Alguna vez te has preguntado cuál es tu misión de vida?

¿Te inquieta no estar haciendo lo suficiente o desplegando todo tu potencial?

¿Cuántos de tus planes se han frustrado para luego darte cuenta que nada tenían que ver con tu esencia?