Duelo: Lo que duele transitarlo

Lo que duele.

 

duelo
Obra de mi madre, Nora Reyna

Transitar un duelo es una situación inevitable, pero difícil. No me gusta la palabra difícil, pero no se me ocurre otra.

Durante un duelo debemos enfrentarnos a la muerte. Debemos permitirnos morir un poco. No físicamente, sino aspectos nuestros mueren.

Un duelo tiene un origen: la muerte de un ser querido, el fin de una relación, la conclusión de un ciclo en la vida.

Y duele. Duele porque nos han enseñado a evitar el dolor en vez de a transitarlo.

Sin embargo, luego de meses de estar en duelo, tratando de sobrellevarlo, llegué al colapso.. y tuve que aprender que todo lo que hice fue sobrevolar mi dolor en lugar de transitarlo.

Cuando sentía el dolor aflorar, trataba de respirar profundo y seguir adelante. Es necesario seguir adelante sin dudas.

Sin embargo, seguir adelante es necesario llevando el dolor consigo, mientras duela.

La vida sigue, pero el dolor también. Y negarlo, pretender que no está ahí o que no es tanto o que ha pasado como una brisa fugaz, sólo consigue que ese dolor se acumule, crezca y finalmente duela más.

Entonces, cuando todo comenzó a colapsar, tuve que ver que ese colapso se debía a mi dolor negado. A aquello que no quería ver ni asumir. Porque enfrentar la muerte es más difícil de lo que yo creía.

Hay finales que duelen menos que otros. Seguramente. Pero cuando el final de algo toca la fibra más profunda e interior, eso que hace tambalear todas las certezas… duele, y enfrentar ese dolor produce terror.

Y es curioso, porque allí en ese dolor está la semilla de la nueva vida.

Ninguna muerte en ningún aspecto de la vida, sucede sin dejar tras de sí la semilla de una nueva vida.

En el último mes he llorado todo lo que no pude llorar antes. He sufrido todo lo que no sufrí. Y he asumido el dolor, ya no superficialmente. Aprendí a convivir con este dolor, porque es parte de mi vida y de la vida de todos. Es el proceso mismo de la vida. Y yo sigo aquí.

Esto me ha hecho más fuerte. Más consciente de mi proceso. Más feliz. Más conectada a mis propias necesidades, a mi propio camino.

Y ese colapso que comenzó inesperadamente un día, se fue tornando más consciente y fui abandonando todos los caminos que había tomado para evitar mi camino personal, porque en ese camino debía asumir mi duelo y transitarlo.

Y el dolor, el llanto fue dando paso al enojo. Estaba enojada con lo que pasaba… pero estaba enojada realmente con el final de esa vida que conocía…

Hoy sigo en mi duelo, aceptando, soltando… haciéndome consciente de que me da fuerzas seguir aquí. Honrando la vida, viviendo.

Y sé que todo esto que estoy aprendiendo me ayuda en mi vida, y a quienes me rodean.

 

Me ha costado mucho animarme a escribir esto. Lo intenté antes. Pero hoy me siento bien, tranquila y segura porque mi alma está en sintonía con estas palabras. Ya no estoy enojada. Ya no evito que me duela todo lo que pasó. Inevitables son los finales, y por más que creamos estar preparados para asumirlos, hay que transitar el duelo y sus ya conocidas etapas.

Estoy en camino. Y aprendiendo.

 

Honro a mi madre por su vida. Yo sigo aquí y la honro viviendo.

Dedico estoy a mi madre y a todas las personas que transitan sus duelos en estos momentos.

Gracias por estar allí.

 

Con amor,

Tamara Gallegos ~ Sindamel

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