El dolor emocional

 

emociones bloqueadas internamenteLas emociones son como un rio que a veces, crece por alguna lluvia y se transforma en un torrente que parece no tener control. De nada sirve aferrarse al bote pequeño donde navegamos… las emociones arrastran y devoran a su paso piedras, árboles y lo que se encuentre desprevenido. Entonces construimos murallas allí donde el río crece, para evitar la inundación.

Pero hablando de emociones, de nada sirve desviar el río… algún día, ese desvío también colapsará.

Frecuentemente actuamos intentando evitar las emociones intensas dolorosas, queremos sentirnos siempre bien y mostrar una sonrisa genuina. Sin embargo, es frecuente que la sonrisa sea una simple máscara que oculta o contiene el dolor interno.

El dolor

El dolor es una emoción inevitable. Como humanos somos aptos de sentir dolor por la propia cualidad de ser humanos. No nos agrada sentir dolor, pero lo sentimos igual. Duele un golpe físico o emocional, duelen palabras, duelen circunstancias, duelen pérdidas… duele lo inevitable y también lo inesperado. Duele lo que está fuera de nuestro control.

Al sentir dolor tendemos a contener la respiración o a detenerla por un instante… intento fútil de expulsar el dolor, de no sentirlo. O nos enojamos, expresión violenta de rechazo a aquello que duele porque no se puede contener.

Hacemos muchas cosas para no sentir dolor, o para llevarlo sin que se note que duele. Entonces comienza a invadirnos una melancolía constante que como un cáncer va matando nuestras otras “células emocionales” hasta que nos convertimos en una sombra de lo que alguna vez fuimos.

Pero el dolor pasa.

Cuando nos golpeamos una mano o un pie, y viene ese dolor intensamente fuerte que no se detiene aunque coloquemos las manos para atraparlo… sigue su curso y, poco a poco, calma, se va, desaparece.

El dolor funciona igual tanto si es emocional o físico. Si lo sentimos, luego pasa. Si permitimos que nos muestre para qué está ahí, se va…

La resistencia al dolor

Sentimos resistencia a sentir estas emociones intensas… hoy le llamo dolor, pero puede ser miedo, ira, angustia, frustración… pues en última instancia todas estas emociones “duelen”. Y duelen porque lastiman algo en nuestro interior.

Pero no nos engañemos, ni caigamos en el victimismo de creer que sólo a nosotros nos duele o que es el dolor más grande del Universo…

Todos los seres humanos vivimos situaciones dolorosas, tenemos miedo, sentimos frustración o angustia en algún momento de nuestras vidas. Y todos nos resistimos a sentir esas emociones por un tiempo.

Y esas emociones, como el río, van buscando expresarse… y si las desviamos surgen por allí, o por allá… o se van acumulando tras la muralla hasta que, finalmente, las fuerzas flaquean y no podemos resistirlo más.

Entonces la muralla se rompe, y el rio pasa con toda la fuerza acumulada… y el dolor se siente mucho más intenso, pues ha crecido con la acumulación de emociones no expresadas.

Por eso, de nada sirve resistirse… sólo produce que eso que deseamos evitar crezca. Y cuando crece, se manifiesta como enfermedad.

Soltar la resistencia

Soltar significa dejar de resistir, dejar de emplear energía en no expresar lo que duele, en hacer de cuenta que no está allí.

Significa Aceptar. Y aceptar es decir; si, soy humano y soy un ser pequeño que no puede controlarlo todo. Significa Rendirse… rendirse a la vida, tal como es.

Entonces ese rio, con toda su fuerza nos arrastra, nos lleva. Y en vez de aferrarnos a piedras, troncos y lo que podamos encontrar… nos relajamos y dejamos que el río nos lleve. Unos metros o kilómetros más allá, el río vuelve a serenarse… porque el dolor pasa.

Mientras más fuerte sea la resistencia, más intenso será el movimiento de reacomodo. Si soltamos eso que duele y dejamos al dolor pasar, al instante, tal como viene… entonces no habrá inundación, ni tornado, ni ríos de dolor, ira y resentimiento que arrasen con todo nuestro mundo. Solo habrá algo pequeño y controlable que cambiar o dejar ir, para permitir que llegue algo nuevo.

Soltar es aceptar que no podemos evitar el dolor, porque como humanos es parte de las emociones que venimos a experimentar. Así como no podemos evitar la alegría que también inunda… y también arrasa.

Ambos extremos son parte de nuestra existencia y nos permiten vivir en armonía y en permanente crecimiento… porque ambas emociones se llevan consigo lo que ya no le sirve a la vida que vivimos.

¿Vamos a animarnos a vivir cada emoción tal como es?

 

Tamara Gallegos

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