Conversando con mi ego

Esta nota tiene algún tiempo. Pero la quiero compartir porque es un buen ejercicio para transmutar aquellas situaciones que nos molestan, justamente, poniendolas enfrente, jugando a que están fuera... hasta que poco a poco las vamos integrando y comprendiendo.

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Hay dentro de mí un dragón creciendo. Es un dragón oscuro, no el fuego espíritu del dragón transformando la voluntad

Es un dragón que da miedo.

Ese dragón es mi ego que pide a gritos incinerar todo aquello que nos ha hecho daño. Le he dado agua. He buscado apaciguar su ira. Pero no puedo contenerlo más.

Es decir, no quiero. No quiero contener el dolor de sentir la hipocresía humana convertirse en materia a mí alrededor.

No deseo más desgastar mi energía en contener en ambos frentes la valla de mi estabilidad.

Sé que el péndulo está compensando ese dolor en quien más amo.

No quiero más eso

En este momento acciono para liberar, para liberarme.

Las prisiones del ego son extrañas. Debo reconocerlo.

Por mas amor que brindemos a aquellos recónditos espacios que le destinamos, necesita ver la luz de vez en cuando, sentir que el sol se refleja en él y que es de su armadura gruesa y casi oxidada de donde realmente proviene la luz.

En el camino he encontrado muchos egos así. El mío ha caminado por el filo de la navaja, buscando convertirse en un soldadito de armadura que pretende iluminar el universo.

Al sentirse limitado, se ha transformado en un dragón oscuro, un balrog diría Sindamel. Y lo cierto es que genera más temor un balrog que un soldadito. Por eso, antes de que el monstruo complete su proceso, dejaré salir a mi pequeño dragón…

Ven, siéntate aquí, ponte cómodo. Deja que la luz del sol refleje en ti… quiero escuchar lo que tienes para decir. Quiero que me expliques lo que te duele… tal vez puedas enseñarme mucho de mí misma.

Mientras lo observo acomodarse, buscando un espacio cómodo donde el sol le dé pero no demasiado, pienso que es un ser extraño. Antes parecía un gran señor o una dama poderosa que podría acabar con el mundo con solo mover un dedo. Hoy le cuesta un poco más moverse. Así, en su versión iracundo. Pues tiene momentos de alegría donde parece un arcoíris que todo lo ilumina… hasta que empieza a querer sentirse el arcoíris más brillante y bueno, hay que bajarlo a la realidad otra vez.

Hoy es distinto.

Esta triste y enojado. Parece que por fin, comenzará a hablar…

-          Es que no te das cuenta. No lo ves. Siempre tarde. Todo lo que deberías hacer no lo haces. Esperas demasiado. Tienes demasiada esperanza en la gente. Basta ya. No ves que te hace daño. Y ves las consecuencias. Luego un torbellino, dragones rodeándote… las serpientes acechando. Las aves de rapiña llevándose lo que sos. Y como si nada. Antes al menos llorabas. Al menos, antes, podías tener alguna reacción. Hoy nada. Estas ahí, ignorando lo que ocurre, como si no sintieras las telarañas a tu alrededor. Parece que no pudieras sentir más nada. Que dejaras que tu luz se apague. Luchaste conmigo para brillar así. Ahora no puedes dejar de hacerlo. No ves la luz… es más brillante que el sol!! No te pierdas. No olvides quien eres. Ahora es el momento. Puedes destruir a aquellos que te han dañado. A todos. Eres tú y el mundo… míralos. Ni se dan cuenta…

Con una sonrisa compasiva observo y escucho atentamente. Mientras habla el dragón se transforma otra vez en un soldadito con su brillante armadura. Apoyo con amor mi mano en su hombro, sonriéndole más ampliamente ahora. “GRACIAS” le digo antes de abrazarlo. Es mi turno de hablar.

-          Lo que no te das cuenta tú, es que ya hicimos todo eso que dices; ya reaccionamos, ya sufrimos, ya lloramos… ya salimos a destruir a todos los que nos dañaron. Ya gritamos, pataleamos, nos creímos superiores y hasta inferiores a todos. ¿Y qué logramos? ¿Lo recuerdas? – la mirada fija en el suelo me indica que no, o que no quiere recordarlo – Hubo un vacío. Un profundo vacío nacido del dolor, la soledad, la ira, el rencor, el miedo, la dependencia, la crueldad, la victimización y en definitiva, todas las sombras comunes a la humanidad. Y existía un ser muy poderoso que guardaba la entrada de ese vacío que parecía profundizarse más y más cada día. Traté de llenar ese vacío, pero todo lo consumía. Peor… el ser de la entrada impedía que nada llegara a ese oscuro espacio de nada y miedo. Y un día cambié de estrategia. Fui, abracé a ese ser y traté de entenderlo. Empecé a sonreírle y escucharlo. Comencé a preguntarle su opinión y analizarla. Ese ser poderoso se tranquilizó. Se sintió perdonado, se sintió tranquilo, amado, comprendido… y dejó de adoptar esa postura señorial, para ser a veces un soldadito, otra veces un fiel guardián canino…

Y te recuerdo que me contó todo lo que le gustaba, pero por miedo a no tener nada, elegía la seguridad del temor. – se puso pálido -

No me olvido quien soy. Nunca lo hago. Aunque a veces el dragón crece y quiere salir a quemarlo todo bajo sus fauces embravecidas. Por eso estoy aquí. Para escucharte. Para saber qué necesitas. Para comprender por qué nos duelen tanto ciertas acciones. ¿Recuerdas todo lo que hemos aprendido? Esto solo significa que podemos aprender aun más.

-          Pero… la hipocresía… los ataques… la falsedad… ¿cuánto puedes soportar de eso? ¿Por qué aceptas que digan mentiras? ¿Por qué aceptas que no te comprendan? ¿Por qué permites que manipulen? ¿Por qué dejas que otros hagan lo que tú puedes hacer mejor?

-          La única respuesta a todas esas preguntas es… simplemente, porque cada uno tiene su propio camino, ni errado ni acertado, solo propio. Cómo elijamos ver lo que vivimos depende de cada uno. Y todos somos libres de elegir. Y además… porque lo que tú ves como mentiras, es verdad para otro. No importa. Si haces tu trabajo honradamente, cada día, contigo mismo… entonces… todo estará bien.

-          Pero… no sé. No creo que te merezcas ciertas cosas.

-          Y no lo merezco. Nadie lo merece. Y ahí está el punto. Cada día busco entender la manera de cambiar y que así cambie el mundo. Si alguien hace algo que yo siento como agresión… y reacciono de la misma manera… ¿cambia algo?

-          Bueno… no… pero algo hay que hacer.

-          ¿Y no hice nada?

-          Eh….

-          Es decir… ¿te parece poco?

-          Pero sin decir nada… el otro no se entera

-          Claro que sí. La energía llega igual. Siempre está.

-          Pero no se ve

-          Yo si la veo.

-          Pero no los demás

-          ¿Y qué importa?

-          No se… a mi me hubiera gustado decir algo

-          Lo estás haciendo ahora

-          Pero… a…

-          No hace falta. Elige con quien hablar. Elige a quien amar. Elige tu felicidad.

-          A mí me haría feliz…

-          ¿De veras?

-          Bueno…

En este instante noto algo curioso. El dragón, que se había ya transformado en un soldadito de brillante armadura… ha mutado nuevamente, solo es un niño que busca respuestas pero que las ideas de esa mente adulta no convencen.

Una vez más compruebo, estrechando en un fuerte abrazo a mí querido ego del que tanto aprendo y que tanto me enseña, que me recuerda que para eso está… sólo puedo decirle gracias. Una vez más, he aprendido algo nuevo.

No sé qué haré con esto. Debería dejarlo guardado para releerlo hasta que sea el momento de enseñar a tratar con nuestro ego. Que se merece el mismo respeto que cualquier otro maestro de esos cientos que pasan por nuestra vida…

Tamara Gallegos

13/11/10

1 comentario en “Conversando con mi ego”

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