Caminante no hay camino

La autocompasión. Nadie logra nada si vive quejándose de su suerte. Según un antiguo texto chino, el éxito viene de la mano de la creatividad y el coraje para trazar el propio rumbo.

Bernard Shaw sí que tiene razón. El afirmó que las personas sienten un placer enfermizo al quejarse constantemente de las condiciones en las que viven. Yo pienso lo mismo: los verdaderos hombres y mujeres son los que crean las condiciones ideales.
¿Cómo se puede hacer tal cosa?, se preguntarán.
Un sabio chino ya dio la solución hace miles de años: “Hay que cumplir cinco puntos. No obstante, antes de extenderme sobre esos cinco puntos, es necesario saber que hay comenzar por respetarse a uno mismo, y por concentrarse en lo que deseamos”.
Pero, ¿cómo sabemos lo que deseamos? Cuando nos sentimos bien al realizar determinada tarea. Por consiguiente, todo lo que nos hace perder el entusiasmo y el respeto por nosotros mismos es nocivo, aunque conlleve poder, dinero o éxito. Ya he visto mucha gente asfixiada por el éxito, cometiendo errores que acababan destruyendo un trabajo de años, abandonándose a borracheras monumentales o volviéndose agresivos, rigurosos o amargos. Estas personas están lejos de si mismas, y lejos de los demás.
Ahora, retomemos lo del sabio.
Este chino escribió un libro sobre la guerra, pero los cinco puntos de su lista pueden aplicarse a cualquier tarea realizada por el ser humano.
“El primer punto es la ley de la voluntad. Acabamos de hablar sobre ella: sólo debemos hacer aquello que llena nuestro corazón de entusiasmo. Si pretendemos ignorar esto, si retrasamos el momento de vivir lo que soñamos, perdemos la energía necesaria para cualquier transformación importante en nuestras vidas. Alguien ya dijo una vez, y muy apropiadamente: “No conozco el secreto del éxito, pero el secreto del fracaso el procurar seguir siempre la voluntad de los otros”.”
“El segundo punto es la ley de las estaciones. De la misma manera en que una guerra trabada en invierno exige un comportamiento y un equipamiento diferentes a los de una guerra que tenga lugar en verano, el ser humano debe aprender a respetar sus propias estaciones, no intentando actuar en el momento en que hay que esperar, y no intentando esperar en el momento en que hay que actuar.”
“El tercer punto –seguía el sabio- es la ley de la geografía. Una batalla en un desfiladero es diferente a la que se traba a campo abierto: tanto en uno como en otro caso, sólo consigue condiciones favorables aquel que está atento a lo que sucede a su alrededor, al espacio que está ocupando, a lo que tiene que hacer para avanzar, al lugar donde podría quedar acorralado, y a las vías para escapar, en el caso de que necesitara retroceder un poco.”
“El cuarto punto es la ley de los aliados. Nadie consigue luchar en solitario. Hacen falta amigos que nos den fuerza cuando la necesitamos, gente que nos aconseje sin miedo a lo que vamos a pensar. Como dice un poeta: “Ningún pájaro puede volar alto usando apenas sus propias alas”.”
“Por último, el quinto punto es la ley de la creatividad –concluía el sabio-. Sólo existe una manera de entender las cosas: cuando intentamos cambiarlas. No siempre lo conseguimos, pero acabamos aprendiendo, porque buscamos un camino aun no recorrido, y el mundo está lleno de este tipo de caminos. El problema es que todos temen los bosques vírgenes, los mares nunca navegados, ya que lo conocido da la sensación de que nos podemos perder. Pero nadie se pierde, porque la mano de Dios misericordioso siempre está sobre la cabeza de los hombres y la mujeres con valor, que se atreven a ser diferentes porque creen en sus sueños.”

PAULO COELHO

Agradecemos a Daniel Borda por la hermosa foto de su jardín. Y a Maga por compartir el texto.

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