AVIUS, EL NIÑO INTERIOR

64 raquel forner


Nació el mismo día que el ser en que se alojaba, pero si bien en los primeros tiempos creció junto a él, al llegar la pubertad tomaron rumbos distintos. El niño dulce y místico siguió con esa condición. Sin embargo el corpóreo ser creció en la forma y también en la soberbia, lucho por callar la voz del niño, lo ahogaba en sus bravuconadas de hombrecito en desarrollo. Mientras Javier, que así se llamaba el humano ser adolescente, se iba convirtiendo en hombre. Avius, el niño, vagaba solo por la mente de Javier. Solo y errante como su nombre indica, solo y triste, encerrado en un lugar que no podía hacer crecer.

Muy pocas eran las veces que Javier escuchaba con atención a su niño. Y aunque Avius gritase y llorase en su interior, aprendió a ignorarlo. Es más lo culpaba de sus fracasos, decía que con su ruido no lo dejaba en paz. Que así no era posible leer, no era posible estudiar, no era posible amar.

Hubo tiempos en que Avius pensó en desaparecer. Pero era tan inmenso el espacio mental y se sentía tan solo que deseo con furor el morir. Pero su etérea presencia no se podía asesinar, tan solo Javier sabía cómo enmudecer al niño y éste en estado de sopor dejaba de sufrir su soledad.

Fueron las sustancias las que amortecían a Avius, el cannabis, el alcohol lo mecían en un sueño fantástico.

Y así mientras Javier sentía que no había ruido en su cabeza. Año tras año cada vez que el niño lloraba o pataleaba, Javier lo sedaba con su adicción.

No supo Javier gobernar a su mente, no lo supo en su mocedad, tampoco en su adultez temprana, fue más bien entrada la senectud cuando vio con claridad, que su amor más fiel, su mejor amigo estaba arrinconado en su mente. Comenzó a sentirse solo él también, había perdido a sus amigos, su mujer… Todo.

Y fue esa trémula desesperación la que le hizo recapacitar y escucharse y mirar por el rabillo del ojo a Avius, queriéndose acercar a él. Pero Avius se escondía y no le quería hablar pues sabía que en cuanto dijese algo impropio o inadecuado, lo bañarían en alcohol. Y el alcohol escuece tanto, como la indiferencia de un ser amado.

Poco a poco Avius se acostumbró a ser observado y si bien no se dejaba interrogar, dejó a las claras como había aprendido a sobrevivir.

Para saber cómo sobrevivió es preciso entender cuál es la esencia del niño. Avius es un ser delicado, que enmudece con el caótico volar de una mariposa, es un ser amable que se desborda en amor. Incapaz de hacer daño a sabiendas, noble y sincero hasta la saciedad. Nada hay que oculte, ni su amor por la naturaleza, ni su respeto a la amistad.

Su fidelidad es tan clara que antes moriría que traicionar a un ser amado.

Su refugio fue siempre la imaginación y allí moró durante años para subsistir. En el fondo Avius es un ser sin rencor, es un ser amable es la ternura en flor. Y viéndose observado quiso llenarse de perdón. Su miedo era enorme, cual niño maltratado por su padre. No sabía como acercarse y como darle el perdón. Avius utilizo su capacidad de creación y su enorme capacidad de seducción. Para hablar sin hablar y escuchar sin parecerlo, se invento un amigo. Este era un ser imaginario, un ser al igual que él, morador en la mente de Javier.

Debía ser un ser simpático a los ojos de Javier, en apariencia rudo y cínico. Con este personaje podía mandarle notas a Javier, sin que este pensara que hablaba con él. El personaje fue un enano pequeño o un pequeño enano, no sé cuál lo describe mejor. Es promiscuo, sagaz e impertinente. Es ingenioso, golfo y vacilón.

Javier sintió varias cosas al mirar por el rabillo del ojo. Sintió el enfado de Avius, que no le quería hablar. Sintió que Avius no lo necesitaba y eso le hizo sentir celos.

También le hizo pensar que a través de Vicente, que así se llama el enano, podía saber algo de su niño interior.

A partir de ese momento, fue Vicente el nexo de unión, y Vicente sin saberlo se convirtió en coach, en gurú y en sanador. Acercaba sus posturas con su tono jocoso y vacilón.

Tras algún tiempo viviendo con Vicente en su interior, Javier aprendió a amar a Avius, que es lo mismo que querer a Javier.

Consciente de ese amor y gracias a dos seres élficos que morarán por siempre en la mente de Javier (Marta y Jorge seres llenos de amor y faltos de egoísmo), decidió dar a Avius lo que durante años le negó. Y así fue como Javier, lo dejo de bañar en alcohol y tiro tabiques intangibles, pero infinitos que enclaustraban a Avius.

Javier se hizo vegetariano, pues su niño no tolera el daño a los animales y lo hizo por amor, por amor a Avius, por amor a sí mismo.

Javier desterró el odio y se afano en ser un místico del amor.

Fueron muchas las cosas que tuvo que cambiar para dejar crecer el mundo de Avius, pero este mundo se logro. Desde entonces Javier es un ser lleno de paz, un ser feliz que irradia amor.

Todo lo que siempre busco fuera, estaba en su interior.

Ahora juegan los tres construyéndose un mundo en el que vivir en paz.

Gracias a los elfos que Javier por suerte conoció pudo convertirse en elfo al igual que ellos y regalar su don, a los que como él no son capaces de entender a su niño interior.

Este precioso cuento lo ha escrito una persona, creativa, brillante y con sintomatología TDAH. Es autobiográfico y nos cuenta su proceso de crecimiento y evolución. Su generosidad ha permitido compartirlo con nosotros

Muchas gracias Avius!!!

http://www.soyciberactivo.com/2009/06/avius-el-nino-interior.html

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