ALiCia En eL PaíS dE lOs CuAnToS...

Robert Gilmore ha escrito el fabuloso libro Alicia en el País de los Cuantos, al que ha subtitulado Una alegoría de la física cuántica. Y se trata precisamente de eso. Ha utilizado el hilo argumental de Alicia en el País de las Maravillas de
Lewis Carroll para realizar una divertida lectura de la física cuántica, con todo lo que tiene de opuesta a la lógica tradicional e, incluso, a lo que durante tanto tiempo se ha definido como sentido común.
Además de las explicaciones científicas pertinentes, desperdigadas como notas y pequeñas valoraciones que se entrelazan en el texto, resulta una lectura colosal por las aseveraciones, a modo casi de aforismos, que se intercalan. Aquí van unos ejemplos “ejemplares” con máximas que en algún momento quien escribe ha puesto en práctica:
“¡Lo que no está prohibido es obligatorio!”
“Uno para todos y todos para nada.”
“Cuando uso una palabra, yo elijo su significado, ni más ni menos.”
“Sea lo que sea, yo estoy en contra”
Por supuesto tales afirmaciones vienen marcadas por el comportamiento de electrones, protones, neutrones y demás habitantes del mundo de lo pequeño. Sin embargo las frases extraídas del conjunto me recuerdan a algunas de las más osadas articuladas en los manifiestos dadaístas de Tristan Tzara.
Para mejorar la situación el autor ha decidido transformar a la medida más pequeña de la materia conocida, es decir, los quarks, en los Hermanos Quarks, que dan lugar a uno de los más afortunados momentos del libro. La física cuántica nos pone frente a partículas, es decir, antipartículas que viajan hacia atrás en el tiempo, que atraviesan la materia, fotones virtuales en donde habitaba la nada… Y muchas más cosas que no desvelaré a los lectores. El momento que me ha deslumbrado completamente procede de la explicación del vacío, en el que nadan fotones virtuales. Es decir que la nada no es tal sino que está compuesta por elementos, lo que equivale a considerar el cero como número y no solamente como “nada” en el sentido habitual.
Algunos filósofos “espiritualistas” (que no tienen nada que ve con espiritistas ni esotéricos), ya lo advirtieron, como Malebranche, pero ahora lo encontramos ratificado en este libro sobre física:

“Es sólo Nuestro acto de observación lo que impone una forma única y definida al mundo.”
Desde que puedo recordar me ha indignado la visión reduccionista de la realidad, es decir, la limitación a lo que nuestros sentidos perciben. De hecho si fuéramos perros veríamos todo en blanco y negro y nos veríamos obligados a decir que los colores no existen. Quizá esa necesidad de amplitud y conocimiento, no sólo de la realidad inmediata, me ha llevado ha vincularme con expresiones como el surrealismo y al interés por la simbología, las tradiciones perennes y ahora también por la física.
Resulta estremecedor cuando uno el personaje de El Agente dice a Alicia: “Veo que estás observando los átomos que nadan en el vacío.”
Definitivamente no sólo la vida, sino el mundo, no era lo que nos habían contado.
Por el momento, les digo: Sea lo que sea, yo estoy en contra...

GRACIAS GABY STEIMER!!!!!

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